miércoles, 11 de abril de 2012

J. Hatten Carpenter

El hermano J. Hatten Carpenter, quien prestó servicio como registrador en el Templo de Manti, relató un suceso que ocurrió un día en el templo, mientras un patriarca observaba cómo se efectuaban los bautismos por los muertos. El patriarca vio “los espíritus de las personas por quienes se estaba oficiando en la pila bautismal; la ordenanza se hacía por medio de un representante. Allí se encontraban los espíritus esperando que les llegara el turno y, cuando el registrador pronunciaba el nombre de una persona para ser bautizada, el patriarca notaba como se iluminaba con una sonrisa el rostro del espíritu cuyo nombre se había llamado y, dejando atrás a sus compañeros, se colocaba junto al registrador. Allí, veía como el representante se bautizaba por él y luego con una gran alegría reflejada en su cara se alejaba para dar paso al siguiente espíritu que disfrutaría también del mismo privilegio”. Más tarde, el patriarca notó que algunos de los espíritus se veían muy tristes y entonces se dio cuenta de que los obreros del templo habían terminado de efectuar bautismos por ese día. Los espíritus tristes eran los de las personas cuyos bautismos no se efectuarían ese día. El hermano Carpenter dijo: “Con frecuencia pienso en esa experiencia porque muchas veces me siento junto me siento junto a la pila bautismal y digo los nombres de las personas fallecidas para que se efectúen las ordenanzas que significan tanto para ellos” (citado en Joseph Heinerman, Temple Manifestations, [Manti, Utah: Mountain Valley Publishers, 1974], págs. 101–102, véase también The Utah Genealogical and Historical Magazine, 11 [julio de 1920]: 119).

Carla Sansom

Brigitte y Carla se conocieron en Europa mientras cursaban el tercer grado escolar. Carla recién se había bautizado y deseaba que todo el mundo supiera que era miembro de la “única Iglesia verdadera”. Por ese motivo, algunas de sus compañeras de clase se burlaban de ella; en cambio, Brigitte se convirtió en su amiga. La familia de Brigitte era activa en la iglesia a la cual pertenecían, pero aun así, respetaban todas las demás religiones. Brigitte fue incluso a algunas de las actividades de la Iglesia en compañía de Carla. Las dos niñas permanecieron amigas durante todos los años escolares, a la edad, de diecisiete años, Brigitte murió. Dos meses después, Carla se despertó una noche y vio a Brigitte parada a los pies de la cama. No dijo nada, por lo que Carla se preguntaba por qué se le había aparecido. Al siguiente año ocurrió lo mismo y al tercero también Brigitte visitó a su amiga de la infancia. Con el correr del tiempo, Carla se mudó a los Estados Unidos y contrajo matrimonio en el Templo de Salt Lake. Después que ella hubo entrado al templo, Brigitte se le apareció cada vez más seguido. Luego, una semana antes de que Carla y su esposo tenían planeado ir al templo nuevamente, Brigitte se le apareció tres noches seguidas. A la tercera noche, Carla despertó a su esposo y le contó de las visitas que le había hecho Brigitte. Ambos estuvieron de acuerdo de que a Brigitte se le había enseñado el plan del Evangelio en el mundo de los espíritus y que lo había aceptado. Ahora, deseaba bautizarse. Carla y su esposo oraron al Señor pidiéndole que les ayudara a obtener los registros necesarios y Él les inspiró a ponerse en contacto con un investigador que pudo obtener el certificado de fallecimiento de Brigitte. A Carla le fue posible entonces enviar el nombre de Brigitte al templo para que se hiciera la obra por ella, incluyendo el bautismo. Pocas semanas después, Carla despertó nuevamente y vio a Brigitte, esta vez vestida de blanco y parada en un lugar que se asemejaba a un cuarto bautismal. A la mañana siguiente, Carla recibió una carta del templo en donde le decían que ya se había efectuado el bautismo por Brigitte. (Véase Carla Sansom, “From Beyond the Veil”, Ensign, febrero de 1978, págs. 49–50.)